Esa es la mejor definición de este proyecto arquitectónico que se levanta en medio de las quebradas de Valparaíso. Aunque da la espalda a Cerro Alegre y toda su oferta gastronómica, está a un paso de todo, porque en Cirilo Armstrong si bien los huéspedes se quedan por meses, sólo cuenta con un magnífico desayuno y un menú cultural imbatible.
Es absolutamente obra de arquitectos, artistas visuales y escultores. Tiene su propio ritmo y apunta a un target muy definido. Porque lo cierto es que la oferta boutique que hace el Hotel Cirilo Armstrong está el emplazamiento, casi colgando del cerro en medio de una típica quebrada, por donde transitan gatos y los vecinos toman el sol en pijama. Todo muy Valpo. Todo muy familiar. Joaquín Velasco y su mujer Elisa Assler, volvían de Barcelona y existía este terreno propiedad de la familia en Valparaíso. Con un concepto arquitectónico depurado, integrador y haciendo un trabajo sobre los materiales de construcción, esta propuesta se distingue del resto al ofrecer 11 departamentos que incluso los pasajeros ocupan por meses "el público que viene es muy variado, explica Joaquín, desde gente que pasa la a trabajar: cineastas, periodistas, que se quedan semanas y hasta un mes".
Con una muy buena sala para eventos íntimos, caben unas una oferta cultural que se agrupan en las Sesiones Porteñas, el mejor ejemplo el último recital de Laetitia Sadier, ex vocalista presentaron su disco la Pascuala Ilabaca y Jaime Frez, el trabajo que hicieron de vuelta de la India". Así mismo hay teatro y se agendan actividades gastronómicas bien cerradas. "La gente viene e instala aquí su centro de operaciones y si le gusta lo que va a pasar o si se han enterado antes, se suman. Si bien sólo damos desayunos siempre hay la posibilidad de tomar una cerveza o descorchar un buen vino mientras pueden ver la colección de libros que tenemos para vender y mostrar. Con joyitas como las que nos dejaron los del Royal de Luxe, libros con las maquetas de los muñecos que construyen igual que la Pequeña Gigante". Además siempre están las obras y objetos de Elisa Assler, la dueña de casa, que antes de abrir el hotel sólo puso una condición: tener su propia vitrina. En ella hay desde corbatas a libros de cuentos ilustrados por ella. Todo único y bello como el hotel.